Si la palabra “Quorum” fuera una persona, sería un señor de traje gris topo, camisa blanca y corbata bordó. El pelo casi blanco peinado a la gomina en exceso. Tenso. Con un maletín negro en su mano izquierda y en la otra una carpeta azul cargada de papeles ordenados meticulosamente. Sus medias negras apenas asoman entre el final del pantalón y sus zapatos negros, zapatos que son lustrados con tanto empeño, que en horas del mediodía, mientras camina entre la gente, con el paso firme y la mirada dura como si llevara el peso del mundo en sus hombros, éstos reflejan la luz del sol.
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