Salieron apuradas de la casa de Louise, como si alguien las persiguiera. Nadie las perseguía, sencillamente son así de atolondradas.
Louise apunta a caminar hacia el lugar donde habitualmente esta estacionado el auto, cuando de repente, en un tono muy alto, como intentando advertirle de algún peligro, Thelma dice: ¿Donde vas? el auto está allá. Lo vi cuando venía. Louise reaccionando rápidamente al gritito de Thelma responde: ¿Allá? No, si estaba de este lado. Thelma replica: si, estoy segura, porque cuando pase y lo vi me llamo la atención que esté ahí. Louise sabe que Thelma lo conoce como la palma de su mano ya que la cantidad de kilómetros que marca es directamente proporcional a la amistad y confianza que ambas se tienen. Por lo que sin dudar un segundo ambas emprenden el camino hacia el vehiculo.
Atolondradas, como dije, cuando llegan a la esquina, cruzan la calle sin mirar en la dirección desde donde vienen los autos y caminan unos cincuenta metros, los cuales fueron más que suficientes para que encontraran en su conversación alguna razón para reírse y alivianar la caminata. Llegan al auto, totalmente tentadas de risa, abren las puertas, sin reparar en el hecho de que éstas estaban sin seguro y se ubican en la posición habitual. Louise al volante y Thelma de copiloto. Louise pone la llave y Thelma pone la música. La música arranca. El auto no. Ambas se miran con un gran signo de interrogación en la frente. No solo no arrancaba, parecía directamente no hacer contacto. Louise saca la llave y vuelve a intentar, esperando que como resultado el motor arrancara mágicamente. No paso nada. No arrancó. Durante unos minutos recorrieron las posibles causas del problema y nada parecía ser la respuesta. No funcionaba.
En la casa de Louise desde muy temprano había una fiesta, las llaves del auto estaban colgadas en un llavero a la vista de todos y con el correr de la noche mas de una persona había utilizado el vehículo para buscar cosas para fiesta, razón por la cual, a una de ellas, se le ocurrió mencionar la posibilidad de que, tal vez, alguien lo utilizó, lo dejo en esas condiciones, se hizo el vivo y no dijo nada. Con esa idea en mente, ahora les resultaba obvia la sorpresa ante el hecho de que el auto estuviera estacionado en un lugar tan poco habitual. Ya no era una sospecha. Era obvio que alguien lo usó, lo cagó y lo dejó ahi. Indignadas con la posibilidad de haber sido víctimas de algún descarado actor que hubiera violado su confianza, de repente sus sonrisas se borraron.
Como prendidas fuego de enojo, se bajaron del auto dando un portazo tal, que si hubiera sido otro, le hubieran dicho: ¡No es giratoria! Pero como eran ellas estaba bien, era su manera de dejar bien en claro que como que se llamaban Thelma y Louise, encontrarían al responsable. Las palabras que salían de sus bocas denotaban un estado de enojo importante. Nuevos y creativos adjetivos fueron dirigidos hacia los posibles autores del hecho. Sus pisadas eran firmes como si con cada paso estuvieran declarando una guerra, se oían resoplos de indignación acompañados por suspiros de cólera que hablaban más fuertes que las palabras.
Caminaron los cincuenta metros de regreso. Llegaron nuevamente a la misma esquina, pero esta vez, antes de cruzar la calle, se detuvieron y miraron a la izquierda, de donde venían los autos y quedaron atónitas!! Los ojos se les abrieron como un dos de oro y un enorme signo de exclamación se les dibujo en la frente!! No lo podían creer. Miraron hacia atrás y contemplaron el auto del que se habían bajado.
De repente el enojo desapareció y comenzaron a reírse a carcajadas. La gente que pasaba por allí las miraba con expresión de extrañeza y ellas no podían siquiera hacer el intento de disimularlo. Se reían como si les hubieran contado el mejor chiste de la historia. Ninguna de las dos era capaz de emitir una sola palabra.
Ambas podían notar que la otra intentaba decir algo pero no podía porque la risa consumía sus palabras.
De todas maneras, no hacía falta hablar, con solo mirarse ambas sabían exactamente lo que la otra estaba pensando: ¡¡Tarada, te equivocaste de auto!!